Encontraron muerto al linyera.
El ropaje helado de la madrugada
congeló sus penurias /
sus abismos /
la mirada que tantas veces
atravesó
el corazón de los piadosos.
Pegada a su cuerpo, estaba gran parte
de la mugre del planeta.
Se habían incrustado todas sus desgracias.
Sus desidias.
Sus esperanzas muertas.
Con ellas, la lacra de la especie: el ego sum,
la indiferencia.
Los siete pecados capitales
y los otros
culposos…
Después, cuando tajaron sus recuerdos
en pedazos
buscando sus vísceras, hallaron restos
de mi piedad…
como lonjas deshilachadas /
exánimes /
insuficientes para su insondable ostracismo.
Ahí estaban también mis pecados capitales.
Y los otros…
culposos, junto a los suyos.
Es claro. Él no será el último.
El último
se estará llevando
la conciencia “dolosa”
de la humanidad.
del libro "Elige los Azahares"