(del 2º libro Mutantes en Vuelo)
La corteza terrestre...
cubierta de hastío y de lujuria.
De ofrendas candentes...
de suntuosos edificios que vomitan miserias.
De míseras covachas con la paz del Cordero
y las quimeras... inquebrantables.
Las otras...
las que no tienen techo, ni mesa
ni el sueño tranquilo...
El techo: aleteo de buitres...
la sombra del hambre la mesa tendida!
El hambre, con su huesuda impotencia
ya no sabe de sí misma.
¡Ha entronizado a Tánatos
sobre la tumba de Eros!
Extenuada.
Saqueada, sembrada de espanto
la corteza terrestre... y de bellezas...
¡de extremas bellezas!
Las lonjas silenciosas del crepúsculo,
las tibiezas polícromas del alba.
Los mares azules /
los mares dorados /
los verdegales...
Y los pasos errantes de los héroes
ensangrentando las huellas.
Las vísperas insomnes... y alegrías que estallan
sepultando los quebrantos.
Los exhaustos hacedores de todos los bienes.
Los sacrificadores impíos de todos los bienes.
La corteza terrestre... henchida de ganancias
y de estragos...
¿podrá soportar tanta antinomia?
¿vendrá a salvarla el hombre nuevo?
El Cristo que ya vino, ¿volverá otra vez
a repartir los panes y los peces?
¿Nos salvará Él del terrible Armagedón
contemporáneo?
O será este el holocausto insoslayable
que nos hará buscar bajo los rescoldos
un renacimiento con vuelo de cóndores
¡más con alas de palomas!
Pienso que el contenido de este poema tiene una importante
relación con las palabras que el Papa Francisco les dirigiera
a los "sin techo", en ocasión de su visita a los EEUU, en
setiembre del año 2015.