La noche transita…
en la tierra.
Las
pasiones se desbordan.
Devienen
en incertidumbres.
Vanas.
Las
espinas relucen afiladas. Se clavan
donde
más duele.
También
están las luces… aunque
no son
pocos los casos
en que
el amor las apaga
para
celebrar sus vendimias.
La noche
gira y yo… tranquila en mi cama
quiero
dormir, después del pensamiento que giró
y giró/
perturbador
empapándome
como lluvia!
En mi
cama
mientras
la noche transita, intento no escuchar
el rumor
de las mareas.
Debería
ocurrir una gran implosión
en la
cavidad honda de mi conciencia
para que
yo me sumerja en ellas
tratando
de aliviar sus arremetidas… de menguar
el
sufrimiento de los que se ahogan/
de los
que gritan y lloran sus desconsuelos.
Yo
debería ser capaz de ir a besar el llanto
que se
escurre por la soledad de sus grietas.
Ellos
están en la plenitud de sus espinas.
Les está
vedada la esplendencia del plenilunio/
la
titilante danza de las estrellas/ y qué decir
de los
jardines primaverales
en la
tenue blancura de la atmósfera
Para
ellos… sólo la niebla.
Yo/
estática en mi cama, ansío que lleguen
las
verdaderas luces…
las del alba invisible de los cielos
invisibles/
porque
las del
alba planetaria
no serán
suficientes para todos.
Algunos
seguirán entrampados
en la
ruidosa marea de la noche.
Mientras
tanto yo
me
duermo tranquila, después de balbucear
un
fervoroso ruego/ con los ojos abiertos
hacia el
negro cielo raso,
convertido
en directo túnel
al
cielo…
No soy
capaz de saltar
por
encima de mis subterfugios
y llegar
hasta ellos con algo de mis besos
y algo
de mis panes.
Me
duermo con aquella piedad frustrada
y el
consuelo de la plegaria.