El árbol no lo tenía previsto.
Un desolado aire de otoño
lo sumió de pronto en apocalíptica figura
de ceniza ocre y rebeliones amarillas.
¿Intuyeron los transeúntes lo que vendría después?
¿Era simulación la esplendencia del árbol
antes del inminente despojo?
Las ramas desnudas fueron estocadas
clavándose
en el cénit de la soledad.
La aridez de un cielo oscuro se desplomó sobre todos…
Algo no obstante, de irrenunciable instinto
estaría danzando en un cóctel de premociones…
La sangre de los transeúntes se mezclaría
con el gracejo verde de la savia.
En la fiesta del humus
todos volverían a encontrar sus vestiduras.
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