El ropaje helado de la madrugada
congeló sus penurias /
sus abismos /
la mirada que tantas veces
atravesó
el corazón de los piadosos.
Pegada a su cuerpo, estaba gran parte
de la mugre del planeta.
Se habían incrustado todas sus desgracias.
Sus desidias.
Sus esperanzas muertas.
Con ellas, la lacra de la especie: el ego sum,
la indiferencia.
Los siete pecados capitales
y los otros
culposos…
Después, cuando tajaron sus recuerdos
en pedazos
buscando sus vísceras, hallaron restos
de mi piedad…
como lonjas deshilachadas /
exánimes /
insuficientes para su insondable ostracismo.
Ahí estaban también mis pecados capitales.
Y los otros…
culposos, junto a los suyos.
Es claro. Él no será el último.
El último
se estará llevando
la conciencia “dolosa”
de la humanidad.
del libro "Elige los Azahares"
He tenido la satisfacción de que alguien recomendó este poema, TESTIMONIO, en Google, pero sin identificarse. A quien sea, le estoy muy agradecida. Raquel.
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